París, chez Helie Josset, y se venden en Bruselas, Josse de Grieck, 1698.
Sea 2 obras en 2 volúmenes en in-12 de: I/ (2) ff. incluyendo el frontispicio grabado, 336 pp., (4) ff. de tabla y 7 figuras a toda página fuera de texto; II/ (2) ff. incluyendo el frontispicio grabado, 205 pp. y 9 figuras a toda página fuera de texto, (1) f. de título, 272 pp. y 3 figuras a toda página fuera de texto. Plena vitela marfil de la época, lomos lisos, cortes moteados. Encuadernación de la época.
146 x 78 mm.
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Edición original de la traducción francesa de las Obras de uno de los principales autores españoles de la época clásica. Brunet, IV, 1017.
Es también la primera edición admirablemente ilustrada por J. Harrewyn con 2 frontispicios y 19 figuras a toda página en primera tirada. Fue reimpresa ya en 1699, luego en 1700 y 1718. Méon y Labédoyère la poseyeron.
« Quevedo y Villegas (1580-1645,) uno de los más grandes escritores de España, brilló en los géneros más variados: poesía, filosofía, crítica literaria, novela, política, teatro, religión ». Enrique Moreno Baez.
Las obras incluyen las visiones y relatos. « Las Visiones comprenden 5 fantasías satíricas con tendencia moralizadora, la mayoría de las cuales datan de la juventud del escritor. La censura se negó inicialmente (1610) a autorizar la obra, bajo el pretexto de que las Sagradas Escrituras eran ridiculizadas. Sea como fuere, los Sueños solo aparecieron en 1627, no en Castilla sino solamente en Barcelona, Valencia y Zaragoza, y bajo el título: ‘Sueños discursos de verdades descubridoras de abusos, vicios y engaños en todos los oficios y estados’. Fue un gran éxito; pero Quevedo, enfrentado a las advertencias del Santo Oficio, se vio obligado a publicar en Madrid (1631) una edición expurgada. » « Estas visiones reflejan, sin duda, la formación humanista de Quevedo: los modelos clásicos en los que se inspira (Luciano, Cicerón, Juvenal, Horacio, Petronio) han sido perfectamente asimilados y refundidos en el crisol de su temperamento. Espíritu profundamente satírico, disimula bajo los sarcasmos la amargura que siente ante la decadencia social de su tiempo. La risa de Quevedo, como la de Swift, no es una mera caricatura, sino que se eleva al nivel de una verdadera creación, conferiendo a las menores palabras un acento singular y extraño.
Aquí, más que en ninguna otra obra, estalla el genio singular del autor, un genio donde el gusto por las combinaciones intelectuales se une a la más feroz y macabra de las fantasías. »
Ejemplar precioso con hermosos márgenes conservado en sus atractivas encuadernaciones de pergamino de la época.
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