París, Denis du Pré, 1572.
In-4 de 53 ff., (1), 9 grabados a plena página en el texto y un grabado desplegable fuera de texto; 10 ff., 26, (2) ff. de los cuales 1 bl., 9, (2) ff.bl., 6 grabados a plena página en el texto. Ex libris manuscrito en el título. Encuadernado en plena piel de becerro granitado marrón, con filete en frío rodeando las cubiertas, lomo de nervios ornamentado, cortes decorados, cantos jaspeados. Restauraciones antiguas en el lomo. Encuadernación de principios del siglo XVIII.
235 x 157 mm.
Edición original de una de las más bellas entradas del Renacimiento francés que contiene varias decenas de piezas de Ronsard, Antoine de Baïf, Amadis Jamyn, Jean Dorat, Du Faur de Pibrac, Pasquier,… en edición original. Mortimer, French, 205-206; Rahir, Dutuit, 676; Picot, Rothschild, 3117; Brunet, II, 1001; Pichon, 4897; Fairfax Murray, French, 152.
Uno de los bellos libros de fiestas franceses del siglo XVI relatando la coronación de la reina Isabel de Austria, esposa de Carlos IX e hija del Emperador Maximiliano II, que tuvo lugar en la abadía de Saint-Denis, así como la entrada de los soberanos en la capital.
La obra se debe al concejal parisino Simon Bouquet que sus colegas del Ayuntamiento habían encargado de ordenar la fiesta y dirigir el diseño de los decorados; éste confió la puesta en escena a Ronsard y Dorat quienes fijaron el tema: el feliz encuentro de Francia y Alemania. Fueron estos dos poetas quienes llamaron a Germain Pilon para las esculturas, a Le Conte para los trabajos de carpintería, y para las perspectivas y las pinturas a Pierre d’Angers y Nicolo dell’Abbate, el célebre émulo del Primatice en Fontainebleau.
La edición incluye 16 láminas en madera a página completa, una de ellas desplegable, debidas al tallador y grabador en piedras preciosas Olivier Codoré, nombre abreviado, según Mariette, del valet de chambre y grabador en piedras finas del futuro Enrique IV, apodado Coldoré por la abundancia de collares que exhibía con gusto.
La ilustración representa las arquitecturas efímeras, arcos triunfales, enrejados de hiedra y follaje, fuentes,… erigidos en el camino del cortejo real. Tiene el interés de ser, ella misma, «a transformaciones». Estas ceremonias habían sido retrasadas durante una década, Carlos IX no pudo hacer su entrada solemne en la capital sino gracias a la reciente conclusión de la paz de Saint-Germain, el 11 de agosto de 1570, que puso fin provisionalmente a una década de guerras de religión.
«La entrada del rey está adornada con 10 figuras de las cuales 9 miden 200 x 140; la décima, más grande (208 x 212) representa la perspectiva de la pintura erigida en la plaza del Châtelet. Estas maderas presentan similitudes con las de la Entrada de Enrique II. La Entrada de la reina está adornada con 6 maderas formadas cada una de dos partes: la parte inferior es la reproducción exacta de la figura correspondiente de la entrada del rey; sólo la parte superior ha sido regrabada, con sujetos diferentes. La reina hizo su entrada 23 días después de la del rey, por lo que se tuvieron que conservar los mismos decorados y reemplazar las alegorías e inscripciones por otras más adecuadas. Toda esta decoración sería de Codoré como lo sugiere el privilegio. Según Mariette, Codoré sería el sobrenombre de Fontenay, grabador en piedras finas de Enrique IV.» (Brun, El Libro francés ilustrado del Renacimiento, p. 181).
El volumen tiene una nota de primera edición: la palabra «vouloir» en el f.34 v° no ha sido añadida en la línea 7.
Brunet (II, 1001) menciona «En algunos ejemplares la página ‘Simon Bouquet’ es seguida por una pieza en verso firmada E. Pasquier Parisiense titulada ‘A Su Majestad Felicitación por la paz hecha por su Majestad entre sus súbditos el undécimo día de agosto de 1570’, 9 folios» Nuestro ejemplar es uno de los muy raros que posee esta pieza en verso de Pasquier.
La reina estando enferma, otra fiesta fue organizada en su honor tres semanas más tarde. Las mismas arquitecturas efímeras fueron empleadas pero se las decoró con nuevas figuras alegóricas.
Ejemplar precioso con grandes márgenes y no lavado, conservado en su encuadernación del siglo XVIII. Los ejemplares en encuadernación antigua son raros, la mayoría han sido encuadernados de nuevo -y lavados por la misma ocasión- a finales del siglo XIX.