París, chez la Veuve Abel L’Angelier, 1618.
In-4 de (2) ff., 267 pp., algunas manchas y picaduras. Pergamino flexible de la época, restos de ataduras, lomo liso con el título manuscrito. Encuadernación de la época.
231 x 165 mm.
Rarísima edición original de este « tratado buscado, mezcla curiosa de alquimia, cábala, misticismo, y donde se encuentra la manera de fabricar oro » (Caillet, III, 11161).
Dorbon 5131: « Este tratado que relata un número considerable de experimentos, es además un comentario de los textos de los filósofos antiguos y principalmente del Zohar ».
Recordemos que a Blaise de Vigenère se le debe el descubrimiento del ácido benzoico que nombra en su tratado « aceite de benjuí ». Incluso parece haber tenido conocimiento del oxígeno.
Blaise de Vigenère (Saint-Pourçain-sur-Sioule 1523-1596) es un hombre de múltiples facetas, conocido sobre todo por su carrera diplomática de treinta años y su trabajo como criptógrafo, aunque también se interesó por la historia, la astronomía y los cometas, la alquimia, etc.
Entró en la diplomacia cuando tenía solo diecisiete años y asistió como secretario a la Dieta de Worms, a los 22 años. Dos años después, entró al servicio del Duque de Nevers. Se trasladó dos veces a Roma, en 1549 y 1566, donde frecuentó a criptógrafos.
Filólogo (reedito a autores medievales como Villehardouin o Jean Chartier), traductor de escritores griegos y latinos (cuyas obras acompañó de reflexiones metodológicas sobre la traducción), también hizo un trabajo de arqueólogo y epigrafista.
Participó en la publicación por l’Angelier de la obra de Chalcondyle sobre la historia de Turquía, y es a la viuda de este editor-librero a quien se debe la publicación del presente tratado de alquimia, ya que fue él quien heredó los papeles del antiguo diplomático y eligió completar el manuscrito para darle una edición.
La mayor parte de su obra, de inspiración esotérica, se vincula a la alquimia (Tratado de los cometas, 1578; Tratado del fuego y de la sal, 1618) y a la Cábala (Tratado de cifras, 1587).
Aquí se trata de una obra póstuma cuyo manuscrito se encontraba en posesión del librero Abel Langelier desde 1599.
Ejemplar precioso conservado en su auténtica encuadernación de la época en pergamino blando.