París, Delaunay, 1829.
2 volúmenes en 8vo de: tomo I: falso título, título, iv p. advertencia, 450 páginas y 1 f. de errata, 1 grabado de San Pedro de Roma, 1 plano de los vestigios de Roma plegado; tomo II: falso título, título, 592 páginas, lámina de la columna Trajana, algunas anotaciones y pasajes subrayados a lápiz, texto picado, ex libris manuscrito a tinta en las guardas. Medio contendor verde, lomos lisos adornados con ruedecillas doradas y de florones en frío, cortes moteados. Encuadernación de la época.
200 x 125 mm.
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Clouzot, 257.
« Bastante a menudo punzante » menciona Clouzot.
Como muchas de sus obras, esta está dedicada a los « happy few », lo que demuestra que Stendhal no se engañaba a sí mismo y que una vez más escribía para unos pocos lectores. Los Paseos se presentan como un diario de viaje que abarca casi dos años desde agosto de 1827 hasta abril de 1829. Encontramos a Stendhal en sus consideraciones sobre el arte, sus ideas sobre la belleza, sobre lo sublime, sus apreciaciones matizadas y siempre muy personales sobre las obras de arte, que completan los juicios emitidos en la Historia de la pintura en Italia. Lo que Stendhal destaca una vez más aquí ante su lector es que hay que prepararse para ver; es un arte que se aprende y su conocimiento multiplica el placer. Pero Stendhal no se conforma con hacernos visitar monumentos; nos pasea por la sociedad romana, y los retratos de algunos de los personajes que nos presenta serían dignos, por la penetración psicológica del autor, de figurar en sus novelas, por esa manera única que tiene Stendhal de radiografiar de alguna manera el personaje viviente y mostrarnos los resortes de su comportamiento. A propósito de esta sociedad y de la corte pontificia, Stendhal, con la inclinación natural de su espíritu, es insensiblemente llevado a presentarnos, por pequeñas pinceladas, un análisis de este extraño Estado pontifical; a menudo sus consideraciones superan el mundo que describe y se extienden a toda la sociedad de su tiempo.
Los Paseos por Roma, por la precisión de sus observaciones y sobre todo por el carácter directo de las reflexiones de Stendhal, constituyen una de las exposiciones más libres y vivas de un pensamiento siempre original y vívido.
Ejemplar conservado en sus seductoras encuadernaciones de la época en medio cuero verde.
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