En París, calle S. Jacques, En casa de Huart & Moreau hijo, Libreros de la Reina, & Libreros-Impresores de Monseñor el Delfín, en la Justicia & al gran San Basilio, 1748.
1 volumen de 3 ff., 365 págs. y 3 págs. In-12 tafilete rojo, triple filete dorado enmarcando sobre los platos, lomo nervado adornado, filete en los cortes, cantos dorados. Encuadernación en tafilete de la época.
168 x 97 mm.
Edición original definitiva dada por Montesquieu mismo.
La edición definitiva dada por Montesquieu es la de París, 1748, en-12 de (3) ff. incluyendo el frontispicio de Eisen, 365 pp. y (3) pp.
« Los ff. lim. contienen un bonito frontispicio de Eisen, grabado por De la Fosse y tirado sobre papel fuerte. Los mismos artistas han firmado el florón del título y el florón colocado sobre el título de inicio.
El Diálogo de Sila y Eucrate aparece aquí por primera vez.
El privilegio, fechado el 20 de septiembre de 1747, es concedido por nueve años a Pierre-Michel Huart. » (Cat. James de Rothschild, n° 2080).
Se encuentra añadido, por primera vez, el Diálogo de Sila y Eucrate que fue publicado primero en el Mercure de France de febrero de 1745, pp. 61-72. » (Tchémerzine IV-928).
La obra está relacionada en ciertos aspectos con el Discurso sobre la Historia Universal de Bossuet, pero está liberada de las intenciones teológicas que presidieron su creación; las Consideraciones de Montesquieu se desarrollan conforme a una nueva armonía, según la lógica humana de los hechos que se encadenan y ordenan en un proceso causal. Ciertas «causas generales, morales o físicas» influyen en el curso de la historia, y la dirección general de la historia provoca a su vez todos los eventos particulares: los pueblos que cambian de gobierno para adoptar uno que contradice sus exigencias históricas naturales se exponen a graves consecuencias. Los romanos fueron grandes y prósperos mientras se gobernaron según ciertos principios: el amor a la libertad, al trabajo, a la patria, la severa disciplina militar, la sabia política del Senado en sus relaciones con los pueblos vencidos. Entraron en decadencia cuando agrandaron de forma desmesurada su Imperio y su poder universal les obligó a cambiar su modo de gobierno sustituyendo antiguos principios por otros nuevos. El alejamiento de los ejércitos hizo desvanecer el espíritu republicano; el derecho de ciudadanía fue extendido a demasiados pueblos; las riquezas se acumularon indebidamente; el poder, pasado de las manos de los patricios a las del pueblo, abrió la vía a los abusos más monstruosos de los emperadores. En medio de estas consideraciones, que tienen la claridad de la evidencia, se encuentran retratos y cuadros admirables que hacen de este libro una obra maestra de gracia austera, llena del antiguo y clásico amor por la libertad. Las ideas fundamentales de El Espíritu de las Leyes se organizan aquí y se afirman en un ejemplo histórico preciso, cuya concepción se libera netamente de las influencias religiosas y dinásticas y, por ello, anuncia los horizontes más amplios de la historiografía moderna: esta última además retomará y desarrollará ciertos puntos del análisis de Montesquieu (como la importancia de la tradición y del entorno).
Muy buen ejemplar encuadernado en piel roja de la biblioteca del Vandeano Jacques Aubin Gaudin de La Bérillais, nacido en Nantes el 14 de abril de 1733, guillotinado en Nantes el 18 de abril de 1793, también conocido como La Bérillais, Laberillais o Gaudin-Bérillais.
Al inicio de la Revolución Francesa, se retira a sus tierras cerca de Nantes. Invita a sacerdotes refractarios a celebrar misas ilegales en su capilla. Secretamente es uno de los dos jefes nantés de una vasta conspiración realista, la Asociación Bretona creada por La Rouërie.
Cuando estalla la guerra de Vendée en marzo de 1793, desaprueba este levantamiento campesino. Es en contra de su voluntad que es elegido jefe por veintiuna parroquias de la región.
La Bérillais acepta entonces el mando, pero se rehúsa a atacar Nantes a la cabeza de sus tropas realistas e impone su voluntad de buscar la paz por la negociación, como conciliador. Redacta un manifiesto presentando las principales demandas populares, lo transmite a las autoridades, emprende sobre esta base acciones de negociación y hace que sus tropas esperen, pero es arrestado por los republicanos.
A pesar de los testimonios que atestiguan su deseo de paz y las negociaciones en curso, es condenado a muerte el 18 de abril de 1793 como general de los insurgentes, y de la biblioteca Giraud-Badin.