BULLIARD, Pierre. Dictionnaire e9le9mentaire de botanique, ou exposition par ordre alphabe9tique, des Pre9ceptes de la Botanique, & de tous les Termes, tant frane7ois que latins, consacre9s e0 l91e9tude de cette Science 26 26

Precio : 3.500,00 

Edición original de la mayor rareza del Diccionario de botánica publicado por Bulliard para completar su Herbario de Francia.
Atractivo ejemplar conservado con todos sus márgenes en su encuadernación original ya que no ha sido recortado, muy fresco interiormente.

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Pareds, en casa del Autor y en casa de Didot el Joven, Barrois el Joven, Belin, 1783.

In-folio de viii pp., 242 pp., (7) hojas de explicación de las láminas y (1) hoja de erratas, 10 láminas fuera de texto a toda página, de las cuales 9 en colores. Encuadernación en papel marmoleado azul del editor con un título en el centro de la cubierta superior, lomo liso, sin recortar, algunos roces. Encuadernación de la época.

352 x 226 mm.

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Edition originale de la plus grande rareté de ce très pratique dictionnaire de botanique, qui connut de nombreuses rééditions dans les dernières années du XVIIIe siècle et au début du XIXe siglo.

Pritzel, 1355. Monglond IV, 288.

« Jean Baptiste François Bulliard (1752-1793), llamado Pierre Bulliard, fue otro pintoresco forastero cuyas obras representaron la tradición linneana en París. Bulliard fue un naturalista descriptivo, poco dado a meditaciones teóricas o metodológicas, pero un dibujante y botánico florístico industrioso y hábil” (Stafleu).

Bulliard obtuvo un puesto a la nominación del abad de Clairvaux. En este empleo, cuyos modestos ingresos bastaban para todas sus necesidades, se le asignó una vivienda en la abadía; dedicó el tiempo que pasó en este retiro a estudiar anatomía y botánica, en los mejores trabajos. También aprendió a dibujar y luego se trasladó a París para continuar sus estudios médicos; pero su gusto por la historia natural le hizo cambiar de decisión. Decidió reunir en él solo los talentos del artista y del autor, perfeccionó los conocimientos que había adquirido en el dibujo y aprendió a grabar con François Martinet, hábil pintor y grabador.

Es la aparición de su Herbier de France, cuya difusión por cuadernos comienza en 1780, lo que terminará por darle cierta celebridad. Al lanzarlo, se había previsto que esta obra contaría con cinco partes: plantas venenosas, plantas medicinales, hongos, plantas suculentas, plantas frumentáceas y forrajes. Abundantemente ilustrada por él mismo, esta publicación se beneficia de una nueva técnica, desarrollada por Johannes Teyler, que evita tener que hacer retoques con pincel, lo que tiene el efecto de reducir el coste de fabricación del libro sin perjudicar la calidad del dibujo en colores. Además, la venta por entregas permite al autor repartir los gastos de impresión a lo largo del tiempo y poner el libro a la venta a un precio módico.

Discípulo de Rousseau, Bulliard aspira a ser un divulgador que ponga el conocimiento de la botánica al alcance del mayor número de personas. No realiza descubrimientos, no persigue ninguna investigación, pero partiendo de lo que ya es conocido, realiza un gran trabajo de síntesis y abre nuevas vías de reflexión.

Desde la aparición de su obra, siente la necesidad de completarla con un diccionario general sobre botánica, destinado a los lectores que no cuentan de entrada con un gran bagaje científico.

Así, en 1783 aparece el Diccionario elemental de botánica, o Exposición por orden alfabético de los preceptos de la botánica y de todos los términos, tanto franceses como latinos, dedicados al estudio de esta ciencia, en cuya portada se especifica que ha sido compuesto como una introducción al Herbier de France.

Pedagogo ante todo, Bulliard multiplica los ejemplos y los estudios de caso en apoyo de sus demostraciones. En sus descripciones, hace referencia constantemente a ilustraciones que quiso fueran lo más exactas posibles. Si el objetivo principal del autor consiste en “familiarizar con el lenguaje de la Botánica y facilitar el estudio de los principios de esta ciencia”, también pretende guiar el enfoque de aquellos que deseen ir más allá en el estudio de la botánica, trazando “un plan metódico para quien desee cultivarla”.

Con este fin, en el artículo Principios, explica que “se podrá ver de qué manera hay que proceder para embarcarse con éxito en la carrera de la Botánica, ya sea que uno se encuentre en disposición de aprovechar la asistencia de un jardín botánico, un herbario natural o artificial, o ya sea que completamente alejado del comercio de las letras, no se tenga ninguno de estos recursos a disposición”. En el mismo orden de ideas, defiende la teoría de que “un método es de una necesidad indispensable, es un hilo que nos guía, nos devuelve al objetivo cuando nos extraviamos”, aunque no puede dejar de criticar al mismo tiempo “el abuso que a menudo se hace de los métodos, y cuántas veces, al cambiar cada día la superficie de la Botánica, se oponen a que se pueda dirigir esta ciencia hacia la utilidad pública”. Es cierto que en esa época, la botánica, al igual que otras ciencias, está en la fase de ebullición intelectual que inevitablemente precede a la unificación del corpus y la metodología, caracterizada por la multiplicación de clasificaciones, teorías y métodos.

El latín constituye el verdadero “esperanto” de los botánicos, cada nombre de planta escrito en francés va acompañado de su equivalente en latín. Bulliard enriquece su libro con un pequeño glosario, que es una traducción del Termini Botanici de Linneo, en el que cada palabra lleva un remite a su definición en el cuerpo del diccionario principal.

Tras la muerte de Bulliard, ocurrida en 1793, este diccionario, que tuvo éxito, conocerá en 1797 una reedición. Posteriormente será retomado, corregido y refundido por Louis-Claude Richard, quien lo republicará en 1800, y luego en 1802 en una nueva versión aumentada.

« Bulliard hizo él mismo los dibujos y grabados de sus obras ».

Este diccionario está adornado en la primera edición con 10 láminas a página completa, dibujadas y grabadas por el propio Bulliard, de las cuales 9 fueron coloreadas a mano en la época.

Atractivo ejemplar conservado en todo su margen en su encuadernación original ya que no se recortó, muy fresco interiormente.

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Auteur

BULLIARD, Pierre.

Éditeur

Paris, chez l’Auteur et chez Didot le jeune, Barrois le jeune, Belin, 1783.