NERCIAT, Andréa de. Fe9licia ou mes Fredaines.

Precio : 8.000,00 

Superba edici3n ilustrada del primer novela er13tica de Andr233 de Nerciat.
Superbo ejemplar conservado en sus encuadernaciones uniformes de la 33poca en marroquedn rojo de grano largo finamente decorado.

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Londres, 1812 [Bruselas].

4 vol. en-16, con 24 figuras según Borel.

I/ (2) ff., 1 frontispicio, 100 pp., 7 figuras fuera de texto.

II/ (2) ff., 130 pp., (1) f., 6 figuras fuera de texto.

III/ (2) ff., 112 pp., 6 figuras.

IV/ (2) ff., 108 pp., 4 figuras.

Plena encuadernación en marroquín rojo a grano largo, rueda floral dorada enmarcando las cubiertas, lomos lisos adornados con motivos dorados y filetes dorados formando falsos nervios, filetes dorados en los puntos sobre las cortaduras, rueda dorada interior, cortes dorados. Encuadernación de la época.

128 x 74 mm.

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Hermosa edición ilustrada de esta muy importante novela erótica de André de Nerciat, que no era otra que su primer libro.

La mayoría de las obras que Nerciat ha publicado están escritas de una manera muy libre, se puede juzgar por la siguiente confesión que hace en uno de sus Prólogos: «La intención del autor, dice, es animar a las mujeres a no ser tan tímidas y a superar las dificultades; a los maridos a no escandalizarse tan fácilmente y a saber tomar una decisión; a los jóvenes a no hacer el ridículo como los celadones, y a los eclesiásticos a amar a las mujeres a pesar de su hábito, y a arreglarse con ellas sin comprometerse en la mente de la gente honesta.»

«Del caballero André-Robert Andréa de Nerciat, aventurero cosmopolita y mundano, diplomático y agente secreto, bibliotecario como Casanova y autor famoso de obras pornográficas, todavía no se sabe, salvo algunos detalles, más de lo que dijo Guillaume Apollinaire en 1911 en su importante edición de las ‘Obras’. Sin embargo, es uno de aquellos cuya carrera y escritos merecerían más amplias investigaciones.» (Raymond Trousson, Novelas libertinas del siglo XVIII).

Nerciat n’a pas cessé d’écrire pendant les années troublées de la Révolution, et ses romans, d’abord lestes, se font de plus en plus corsés. Le Diable au corps, qu’il disait composé en 1776, ne paraîtra qu’en 1803. Les aventures de Felicia passeront pour innocentes en regard des exploits d’une marquise et de sa coterie rapportés dans un roman dialogué riche en obscénités, jusqu’à la zoophilie. En 1792, Mon noviciat raconte les débuts de la libertine Lolotte et les expériences de sa mère et de leur servante Félicité. Tous les tabous – inceste, sodomie, saphisme – y sont allégrement bousculés, mais Nerciat, avec une prudence imposée par les circonstances, prétend donner à ses gravelures une portée politique. Il s’agit en effet de peindre « au naturel la dépravation de mœurs de ces vilains nobles […] que nous avons si sagement chassés pour jamais de notre France ». Le propos sera patriotique et édifiant : « Je me suis donc déterminé civiquement à faire les frais de cette édition, trop heureux […] si la vue de tant d’images licencieuses, de nature à soulever le cœur de tout bon démocrate, peut envenimer encore la patriotique haine que nous devons, en francs nationaux, à ces vrais pourceaux d’Epicure.» La même année, Monrose est une suite de Félicia, où le héros, après quatre volumes d’aventures se marie et conclut : « Disons donc du libertinage, bien mieux encore que de la guerre : C’est une belle chose quand on en est revenu. »

Nerciat, por su parte, no se detuvo ya que publicó aún en 1793, Los Afroditas, donde describe, en escenas dialogadas, las prácticas de una sociedad secreta de libertinaje regida por Mme Durut, robusta ogresa, y la insaciable condesa de Mottenfeu, que ha tomado a sus cuatro mil novecientos cincuenta y nueve amantes de todas las clases así como de entre sus familiares y sirvientes. Los nombres solos de los personajes – Fièremotte, Confourbu, Cognefort o Durengin – dicen bastante sobre las extravagancias de un libertinaje que toma proporciones épicas. Aquí nuevamente, Mme Durut incentiva una lectura anti-aristocrática a veces contradicha, es cierto, por insinuaciones irónicas. No sorprenderá ver a Sabatier de Castres notar en 1797 que Nerciat es «el autor de algunas novelas obscenas muy mal escritas».

Sin embargo, si Nerciat es un pornógrafo, no lo es a la manera de Venus en el convento o del Portero de los Cartujos. En él, el erotismo procede de una filosofía de la vida, según la cual la satisfacción sexual es uno de los elementos esenciales de la felicidad y la realización del individuo. Su universo no conoce ninguna prolongación metafísica y sus personajes piensan menos que nunca en el más allá o en recompensas futuras. Tampoco hay lugar para el sentimiento, el erotismo se limita a la búsqueda desenfrenada del placer y funda una moral del placer. Solo cuenta lo físico, siempre llamado a superarse, pero este erotismo, complementario del de Sade, nunca involucra ni coacción ni crueldad.

Sus novelas mezclan todas las clases en la única igualdad que le parece real, este placer sigue siendo el de una élite que rechaza la moral burguesa y los tabúes del vulgo. Por el exceso mismo de sus desbordamientos alegres, este mundo es una especie de utopía sexual, donde hombres y mujeres se encuentran en un perfecto equilibrio de oferta y demanda. Para mostrar su funcionamiento, Nerciat también supo inventar un lenguaje propio, crear un nuevo lenguaje del placer y demostrar una asombrosa invención verbal.

El joven Stendhal que leía al mismo tiempo La Nueva Eloísa y le gustaba creerse «a la vez un Saint-Preux y un Valmont» – se deleitaba con esos pequeños volúmenes de Nerciat robados de la biblioteca de su abuelo Gagnon: «Me vuelvo absolutamente loco; la posesión de una amante real, entonces el objeto de todos mis deseos, no me habría sumido en tal torrente de voluptuosidad»

Si Nerciat profesa una filosofía, sus heroínas la encarnan: la libido es el motor de todos los actos y nada debe prohibírsele. De ahí, despiadada, la crítica de la moral religiosa que prohíbe su desarrollo: escándalo de la «educación supersticiosa» de los conventos que reprime hipócritamente la naturaleza pero nutre el vicio y fomenta la homosexualidad, odio hacia el beato Caffardot, al director de conciencia Béatin, el «corruptor espiritual», el «seductor de penitentes». La naturaleza y el código social se contradicen:

« Ayer cumplí un deseo inmenso entregándome al más amable de los hombres: acabo de disfrutar de verdaderos placeres con otro que no carece de encantos. La naturaleza encontró su cuenta en este reparto, que en verdad condenan los prejuicios y el rígido código de la delicadeza sentimental. Hay, por lo tanto, necesariamente un vicio en la redacción de leyes poco naturales de las que está compuesto este código ridículo ». (Raymond Trousson, Novelas libertinas del siglo XVIII).

La ilustración de la presente edición, magnífica, se compone de un frontispicio y de 23 figuras grabadas por Elluin según Borel. Las figuras están aquí invertidas, salvo el frontispicio, y la octava figura está cubierta.

Magnífico ejemplar conservado en sus encuadernaciones uniformes de la época en marroquín rojo a grano largo finamente decorado.

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Auteur

NERCIAT, Andréa de.

Éditeur

Londres, 1812 [Bruxelles].