Lovaina (Frankfurtf?), 1755.
Pequeño en-8 de (2) ff., 161 pp.
Pleno marroquín limón, cifra dorada en las esquinas de las tapas, lomo con nervaduras adornado con la misma cifra dorada y repetida, doble filete oro en las cápsulas, rueda dorada interior, cortes dorados. Motte.
175 x 105 mm.
Edición original y primera tirada – rarisimo – de una de las obras maestras del Siglo de las Luces, ataque violento de Voltaire contra la superstición y la religión.
Bengesco, i, 478; Le Petit, Ediciones originales francesas, páginas 546-547; Catálogo de libros raros del barón de Ruble, n°261 (este ejemplar);
La Pucelle fue condenada por decreto del tribunal de Roma del 20 de enero de 1757 (Index librorum prohibitorum. Modoetioe, 1850. In-16, p. 262).
En septiembre de 1757, en París, ocho particulares, impresores y encuadernadores, fueron condenados al cepo en la Grève, y a tres años de destierro, a raíz del descubrimiento de una imprenta clandestina encontrada en la calle de Seine, faubourg Saint-Victor, y donde, dice Barbier, «se trataba de versos contra personas investidas de dignidad, de la Pucelle d’Orléans de Voltaire, y otras semejantes obras».
«Largamente desmentido por Voltaire que sólo se reconocía como su autor en la intimidad, este poema, que se volvió tan famoso, apareció primero en 1755». P. Larousse.
«Esta sátira no respeta nada ni a nadie, como lo demuestra la visita de este monje simple, Lourdis, al reino de la Estupidez, donde se reúnen todas las tonterías humanas y que el poeta describe minuciosamente y con brío: así como el famoso episodio de la lucha celeste entre san Denis, que es por los franceses y san Jorge, que está por los ingleses. Ningún escrúpulo de orden moral turba la alegre inspiración de Voltaire; es esta desfachatez chispeante, junto a la vivacidad de la sátira, lo que hace de ‘La Pucelle’ una obra maestra». Diccionario de Obras.
« Le XIe canto y el episodio del asno, el más escabroso del poema, fueron compuestos de 1738 a 1748; Voltaire, al ver impreso el episodio del asno en la edición dada por el capuchino Maubert (Lovaina, 1755, in-12), clamó al cielo y presentó una denuncia al teniente de policía, diciendo que era una infamia perseguirlo como el autor de este canto obsceno; está bien cierto, sin embargo, que es suyo, y cuando se quejaba «de los versos detestables y las bajezas revoltantes» de los que las copias en circulación estaban llenas, sabía a qué atenerse, pues había aderezado él mismo esas copias, para poder desautorizar. Todo eso no sería excusable hoy en día; pero hay que tener en cuenta la situación de la prensa en esa época, el arbitrio que la amordazaba, el poder que aún tenía el clero de hacer quemar el libro y a veces al autor. Reducido a ocultarse, Voltaire cargaba de obscenidades y versos la obra que hubiera querido hacer solamente juguetona». P. Larousse.
Voltaire tenía un afecto especial por este libro al que llamaba «mi Jeanne». La composición de La Pucelle d’Orléans, comenzada en 1730, se realizó progresivamente a lo largo de unos veinte años. Voltaire enviaba los cantos a medida que los redactaba a amigos y relaciones, notablemente a M. d’Argental, el duque de La Vallière, Federico II de Prusia y la marquesa de Pompadour, de forma que numerosos manuscritos circularon. Corrieron rumores contradictorios: unos sugerían que Voltaire había contratado copistas para producir múltiples manuscritos que contenían versos escandalosos y bajezas que insertaba a propósito. La otra versión de los hechos, más oficial, afirmaba que Voltaire estaba indignado por las alteraciones inadmisibles hechas a su poema. Esta reputación escandalosa hizo que «se organizara un verdadero mercado negro y se contaban, según los periódicos de la época, más de seis mil copias dando a menudo un texto falsificado» (BN, Voltaire, n°331).
En 1755 apareció por fin la edición original en quince libros (por M. de V***, en Lovaina) que Voltaire, por prudencia, se negó a asumir, fiel a su principio: «Los filósofos deben ser como los niños pequeños: cuando estos han hecho algo, nunca son ellos, es el gato quien lo ha hecho todo.» Ese mismo año salieron otras ediciones bajo diferentes marcas. La dispersión de los lugares de impresión era el único medio de contrarrestar la debilidad de la producción y la lentitud de los transportes. También era el mejor medio para eludir las prohibiciones. (Recordemos que La Pucelle será condenada por decreto del tribunal de Roma en enero de 1757, y que ocho impresores y encuadernadores fueron condenados ese mismo año al cepo y a tres años de destierro!). Voltaire se decidió, en 1762, a dar una primera edición oficial en Ginebra con Cramer.
Ejemplar precioso y bello con márgenes muy grandes (altura 175 mm) proveniente de las bibliotecas Lurde y Ruble (Cat. 1899, n°261).