Les Regrets et autres Œuvres poétiques.
París, Federic Morel, 1558.
Pequeño in-4 de (4) ff., 46 ff. Reglado.
Edición original.
– El Primer Libro de las Antigüedades de Roma, conteniendo una general descripción de su grandeza…
París, Federic Morel, 1558.
13 ff. y (1) f. de privilegio.
Edición original.
– Discurso al Rey sobre la Tregua del año MDLV.
París, Federic Morel, 1559.
(6) ff.
Edición original con título de suplemento.
– Empresa del Rey-Delfín para el torneo, bajo el nombre de los caballeros aventureros. A la Reina, & a las Damas.
París, Federic Morel, 1559.
(14) ff.
Edición original con título de suplemento.
– Tumulo de Enrique Segundo Rey de los Franceses Christianiss.
París, Federic Morel, 1559.
(14) ff.
Edición original.
– Diversos Juegos rústicos, y otras obras poéticas.
París, Federic Morel, 1559.
(76) ff. El Privilegio es del 17 de enero de 1557.
Primera edición con título de suplemento.
– Himno al Rey sobre la Toma de Calais.
París, Federic Morel, 1559.
(6) ff.
Edición original con título de suplemento.
– Epitalamio sobre el matrimonio del muy ilustre príncipe Philibert Emanuel, duque de Saboya, y la muy ilustre princesa Margarita de Francia, única hermana del Rey, y duquesa de Berry.
París, Federic Morel, 1559.
(14) ff.
Edición original con título de suplemento.
– Dos Libros de la Eneida de Virgilio, a saber el cuarto, y sexto, traducidos en versos franceses por I. du Bellay Angevin.
París, Vincent Sertenas, 1560.
(73) ff., (1) f.
Edición original a la rarísima dirección de Vincent Sertenas.
– Alabanza de Francia y del muy cristiano Rey Enrique II. Junto con un discurso sobre la poesía, Al Rey.
París, Vincent Sertenas, 1560.
(8) ff.
Edición original a la rarísima dirección de Vincent Sertenas.
– Elegía sobre el fallecimiento de Ioach. Du Bellay Ang. Por G. Aubert de Poictiers, Abogado en la Corte de Parlamento de París.
París, Federic Morel, 1560.
(6) ff., el último blanco.
Conjunto once ediciones originales o primeras ediciones encuadernadas en 1 volumen in-4, reglado; entero maroquín verde adornado con un decorado dorado al estilo fanfare de Hardy, uno de los ilustres encuadernadores del Segundo Imperio.
220 x 152 mm.
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Formidable colección que reúne en edición original obras literarias capitales como Los Lamentos o El Primer Libro de las Antigüedades de Roma con obras de Du Bellay de tan gran rareza que Tchemerzine nunca las vio: Alabanza de Francia o Dos Libros de la Eneida de Vincent Sertenas.
En cuanto al Epitalamio de 1559, Pierre Berès escribía hace mucho tiempo que este original era conocido solamente por dos ejemplares.
Joachim du Bellay (1522-1560) pertenecía a la ilustre familia que, además de varios capitanes, diplomáticos y memorialistas, dio, en este mismo siglo XVI: Guillaume du Bellay, señor de Langey, hombre de guerra, diplomático e historiador; el cardenal Jean du Bellay nacido en 1492, muerto el 16 de febrero de 1560, embajador y humanista, uno de los patronos del Collège de France; y su hermano Martin, teniente general de Normandía, muerto en Glatigny en 1559, los tres tíos de Joachim. Hacia 1546, el joven Joachim estudió derecho en Poitiers. Allí, se relacionó con el humanista Muret y con algunos poetas latinos y franceses, como Jean de La Péruse, Salmon Macrin, etc. Pero el encuentro con Jacques Peletier en 1546, aquel con Ronsard en 1547 contaron más en el despertar de su vocación poética. Fue con el último a París para ponerse bajo la dirección de Dorat, director del colegio de Coqueret. En este colegio, en verdad bastante oscuro, tuvo la alegría de descubrir a jóvenes caballeros que, despreciando la Corte donde su nacimiento les habría permitido brillar, se dedicaban con pasión al estudio de los Antiguos y sobre todo de los Italianos. Alrededor de Ronsard, se imponían la tarea de preparar una revolución poética.
Su obra poética, como su existencia, se divide entre dos épocas, separadas una de otra por la estancia en Roma de 1553 a 1557, de la que parece haber vuelto transformado. Como lo destacó G. Gadoffre, «el cambio de escenario, el contacto con una sociedad cosmopolita y una administración internacional, el cara a cara con la Historia, con una Antigüedad distinta de la de los libros, todo contribuyó a cuestionar un cierto número de seguridades y comportamientos adquiridos». El joven poeta de 1549 llamaba a la creación de una gran literatura nacional y justificaba los sueños de una translatio imperii en beneficio de la monarquía francesa mediante un elogio de Francia, elocuente y entusiasmado como corresponde a una peroración, en la cual culminaba la Defensa. El autor maduro de 1558-1559 había tomado conciencia de un amplio horizonte europeo, su reflexión política, menos aproximada, se anclaba en la consideración de los «cuatro estados del Reino de Francia», y había encontrado su voz -o más bien sus voces, pues cultivó más de una.
A pesar de una salud frágil y de frustraciones que parecen haber sido a menudo su destino, Du Bellay demostró constantemente energía. En apenas una década, compuso, en francés y en latín, una obra poética abundante y diversificada, siempre innovadora: fue el autor del primer manifiesto literario de las letras francesas, del primer recopilación de sonetos amorosos franceses, de la primera recopilación de odas líricas, el traductor genial de Virgilio; amplió de manera decisiva el registro del soneto en las Antigüedades y en los Lamentos, se convirtió en uno de los mejores poetas neolatinos de Europa, y finalmente se transformó en un poeta político de primer nivel. No fue solo el brillante segundo de la Pléyade, a la sombra de Ronsard; fue uno de los más grandes poetas franceses, uno de los más innovadores.
Du Bellay fue, al igual que Ronsard, el poeta que en 1549 pedía la Defensa e Ilustración, « que me hará indignar, apaciguar, gozar, doler, amar, odiar, admirar, asombrar, en definitiva, que llevará las riendas de mis afectos, desviándome aquí y allá a su placer». Admirable prosista, de una flexibilidad sin igual en su tiempo, poeta de diversos estilos en latín y en francés, no posee menos un timbre reconocible entre todos, una vivacidad de la frase, una claridad de dicción, que confieren a su obra una unidad incuestionable. Si algunos de sus poemas, especialmente en Los Lamentos, han encontrado constantemente lectores, no sin malentendido a veces, y si, repetidamente incluidos en las antologías y propuestos a la admiración por la escuela, habitan las memorias, Du Bellay permanece, según la fórmula de G. Gadoffre, «un escritor en parte desconocido».
Du Bellay es considerado uno de los más bellos ornamentos de su siglo, una reputación que justifica plenamente. «Si bien está lejos de tener la potencia de Ronsard, y, digamos, su riqueza y variedad, Du Bellay parece más espontáneo en la expresión de los sentimientos. Por su sensibilidad, Joachim du Bellay introduce en la poesía francesa una nueva fuente de inspiración.»
Magnífico ejemplar, completamente arreglado, puro y con amplios márgenes, proveniente de la biblioteca B. Delessert (1912, n°221) y Pierre Louys (1930, n°179).
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