París, en la Viuda de Sebastien Mabre-Cramoisy, 1689.
En 12 (2) ff., 562 pp., (1) f. de privilegio. Pleno marroquín marrón doblado de marroquín rojo, tapas y lomo ricamente adornados con hierros pequeños, doble filete dorado sobre los bordes, rica puntilla dorada en el forro, cortes dorados sobre mármol. Chambolle-Duru.
163 x 90 mm.
« Edición original de las seis grandes oraciones fúnebres de J.-B. Bossuet, reunidas en un compendio. » (Tchemerzine, I, 862).
Contiene las Oraciones fúnebres de Enriqueta María de Francia, Reina de Gran Bretaña; Enriqueta Ana de Inglaterra, Duquesa de Orleans; María Teresa de Austria, Infanta de España, Reina de Francia y de Navarra; Ana de Gonzaga de Clèves, Princesa Palatina; Monseñor Michel Le Tellier, Canciller de Francia; Luis de Borbón, Príncipe de Condé.
« Las ‘Oraciones fúnebres’ son las obras por las cuales Jacques-Bénigne Bossuet, obispo de Meaux (1627-1704), conquistó una gloria universal. Así como La Fontaine recreó la fábula, se puede decir que Bossuet reinventó la oración fúnebre. Fue predicador toda su vida; su carrera le fue impuesta, desde su ordenación, por su director de conciencia, San Vicente de Paúl, quien ejerció una influencia tan decisiva en él que solía decir que al escucharlo hablar creía oír al mismo Jesucristo. Fue sólo porque se convirtió en un orador célebre que Bossuet se vio, desde 1656, en la obligación de pronunciar elogios fúnebres.
En las ‘Oraciones fúnebres’ se encuentran no sólo un patetismo que impacta, sino también duras lecciones para los Grandes. Bossuet nunca es un llano cortesano: respeta la historia y, si se ve obligado a algunos acomodos indispensables, se mantiene fiel a la verdad y sabe hacerse escuchar; permanece ante todo como un hombre de Iglesia, un obispo. Para él, el orador sagrado es el sucesor de los profetas de Israel, debe enseñar a los Grandes y reprenderlos. Por ello, estos elogios son ante todo la ocasión de solemnes exhortaciones cristianas, porque Bossuet, como dijo uno de sus biógrafos, es ‘el catolicismo hecho hombre’. La elocuencia no es para él más que un medio, pero quiere que este medio sea tan perfecto como sea posible: la simplicidad y la nobleza del idioma, el brillo de su estilo no son nada en comparación con esa seducción fulminante, esa fascinación del verbo que desciende del cielo sobre las almas, que subyuga y convence y por la cual Bossuet ha merecido ser llamado ‘el águila de Meaux’. »
Preciosa edición original « impresa en bellos caracteres y en buen papel » dice Brunet, I, 1133. Fue reimpresa en 1699, 1704 y numerosas ediciones la siguieron en el siglo XVIII.
Magnífico ejemplar con márgenes hermosos, encuadernado en marroquín forrado de marroquín por Chambolle-Duru.